¡¡Hola a todos!! Vamos a empezar con un nuevo bloque temático: el pensamiento. Suena interesante, ¿no? 😉

Una de las cosas que identifican a los seres humanos (se supone) es que somos animales inteligentes. Tenemos la capacidad de usar la lógica y de poner nuestra razón al servicio de nuestros deseos. Pero, ¿qué significa, exactamente, que somos inteligentes? Pues una definición sencilla de lo que es la inteligencia podría ser esta: la inteligencia es la capacidad de resolver problemas.

Por supuesto, los animales también son en cierto modo inteligentes, dado que son capaces de resolver problemas.  Aquí os dejo un par de vídeos en los que se ven a algunos animales resolviendo problemas de un modo sorprendente:

Bueno, la verdad es que está muy bien. Seguro que vosotros estáis ya cansados de ver vídeos en youtube de thugh life animals en donde comprobáis lo avispados que también son los otros animales. Sin embargo estos son problemas que los seres humanos resolvemos cotidianamente. En esto de la inteligencia, está claro que nuestra especie es la reina.

Los psicólogos están bastante de acuerdo en que no hay algo así como una única inteligencia, sino que se divide en factores.  Hay una inteligencia matemática que nos capacita para resolver problemas matemáticos, una inteligencia espacial que nos ayuda a resolver problemas espaciales, una inteligencia lingüística para los problemas lingüísticos, y así sucesivamente.  La prueba de que esto es así es que es común encontrar gente que tiene facilidad para los idiomas, y sin embargo no se le da bien la matemática, o que tiene un don especial para la música, pero no sabe organizar un armario.

Hay un tipo de inteligencia que es bastante importante, (quizá la más importante de todas) y es la inteligencia emocional. La inteligencia emocional es la capacidad de resolver problemas emocionales. Y digo que es la más importante de todas porque, a fin de cuentas, nuestro problema capital es: ¿Cómo ser felices? ¿Cómo hacer felices a los demás? Dado que nuestra felicidad depende directamente de nuestras emociones, como el amor, el miedo, la vergüenza, la sensación de logro o la alegría, saber cómo resolver problemas emocionales es la tarea más importante de todas.

A veces es posible encontrar personas inteligentes que en términos de inteligencia emocional, son una nulidad. Como ejemplo, aquí están las películas de hoy; en primer lugar os dejo un tráiler de El silencio de los Corderos. El protagonista de la película es Hannibal Lecter, un psiquiatra que ayuda a la agente Starling a encontrar a un asesino múltiple. El personaje de Lecter es sorprendentemente inteligente, pero, ay, tiene el pequeño problema de que es canibal. Se divierte matando gente y zampándosela.

Por contra, hay una película donde el protagonista es una persona no demasiado inteligente, pero que tiene la rara habilidad de escoger con acierto en sus problemas emocionales, de modo que su vida es razonablemente feliz.

En fin, en el cine, como en la vida, no siempre la inteligencia emocional va de la mano de otros tipos de inteligencia.

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Según Daniel Goleman, la inteligencia emocional tiene cinco factores principales.

1/ La capacidad de reconocer las propias emociones. Esto puede parecer fácil, pero es una de las habilidades emocionales más difíciles. A menudo, cuando estamos poseídos por una emoción no nos damos cuenta de ello. Esto es típico, por ejemplo, del enfado.  Cuando alguien está enfadado puede que ni siquiera se dé cuenta de que está gritando y está siendo agresivo y está dominado por pensamientos negativos.

El inventario de las emociones humanas es extensísimo. Aquí solo pondremos algunas de ellas.

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Darnos cuenta de la emoción que sentimos en el momento en el que la sentimos es la base de toda la vida emocional, puesto que si no lo hacemos somos incapaces de dominar el siguiente factor, que es el control de las emociones.

2/ Control de las emociones. Si nos damos cuenta de que estamos dentro de una emoción, lo siguiente es hacernos cargo de ella. Esto también es complicado, evidentemente. Hay alguna gente que no sabe controlar bien sus emociones. Hay alguna gente que incluso piensa que esto no es posible o que no es deseable.

Sobre el control de los impulsos aquí os dejo un vídeo sobre el Test de las Golosinas.  En este test ideado por el psicólogo Walter Mischel a los niños se les deja solos con una golosina, y se les propone el siguiente trato; “Volveré en diez minutos. Si no te la has comido, te daré dos”.  Es curioso observar las estrategias que hacen los niños para evitar comérsela, aunque no todos lo consiguen.

3/ Tener la capacidad de motivarse. Una vez que hemos emprendido una tarea, es importante saber mantenerse en el camino. Aquí entra en juego la cuestión del optimismo. Algunas personas (los optimistas) sostienen la creencia de que tienen los medios para resolver sus problemas emocionales, pase lo que pase.  Para otras (los pesimistas) la vida es una sucesión de problemas fuera de su control. El optimismo es una actitud clave en la educación emocional.

4/ Darte cuenta de las emociones ajenas es el siguiente factor de la inteligencia emocional.  Aquí es donde adquiere todo su significado el concepto de empatía. Hay gente que sintoniza bien con las emociones de los demás, gente que no lo hace tan bien, y gente que no lo hace en absoluto. Los autistas, por ejemplo, son incapaces de reconocer las emociones de los demás. En compañía de los otros no pueden darse cuenta de si sienten pena o alegría, si están nerviosos o están bromeando. Para ellos el mundo emocional es opaco. Los psicópatas, por contra, sí que se dan cuenta de las emociones de los demás, pero no las comparten. Pueden sentir alegría cuando la otra persona siente pena, o sentirse en paz cuando están junto a alguien aterrorizado.

Dentro de la gente normal, hay desde luego personas más empáticas y personas menos hábiles en esto. Las personas empáticas tienen cuatro habilidades importantes:

-Se ponen en el lugar de los otros.

-Evitan juzgar.

-Reconocen la emoción de los otros (inspirándose en su propia experiencia)

-Comunican con los demás.

Y aquí una aplicación interesante. Se trata de un proyecto por el que se enseña a una inteligencia artificial a reconocer emociones a partir de retratos.

https://www.projectoxford.ai/demo/Emotion#detection

Si nos damos cuenta de las opiniones ajenas, podemos intentar cambiarlas.

5/ Controlar las relaciones con los demás es el quinto factor de la inteligencia emocional, y es tan difícil como los anteriores. Incluye habilidades como saber consolar a los demás, saber motivarlos o saber tranquilizarlos. Es el tipo de inteligencia que nos capacita para liderar un grupo o simplemente para hacer amigos.

 

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